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                                         "Alguna vez los hombres tuvieron que ser semi-dioses; si no, no hubieran inventado el Ajedrez".   

(GM A. Alekhine, ex-Campeón Mundial)

 

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La locura juega al ajedrez

          La locura juega al ajedrez

 

          Ya se ha dicho: no hay un genio sin un gramo de locura. A Víctor Korchnoi, legendario ajedrecista, exiliado y perseguido por la URSS comunista, le pareció eso mismo cuando opinó que “ningún gran maestro de ajedrez es normal, en lo único que difieren es en el grado de locura”.

Los secretos de la mente humana son tan complejos como los que rondan los sesenta y cuatro casilleros, si es que en el fondo no son los mismos. A menudo la historia se ha encargado de mostrarnos hombres brillantes que, impulsados por su propia capacidad desmedida o por la incomprensión a la que los somete la sociedad de su tiempo, han atravesado la difusa frontera que separa (o une) la genialidad y la locura. El ajedrez, entendido como un diálogo de la razón, ha sido un terreno fértil del que han emergido excéntricos campeones cuyos comportamientos muchas veces parecían más a la fantasía que a la realidad. Una verificación exhaustiva de aquello es improbable, pero baste un repaso por los casos de los más notables jugadores del siglo XIX como ejemplo.

Las crónicas refieren que William Steinitz, fundador de la estrategia moderna y ex campeón mundial, pensaba hacia 1897 que podía emitir corrientes eléctricas, con ayuda de las cuales le sería factible mover las piezas a voluntad. Pero sus delirios pasaron a la historia porque aseguraba estar en comunicación eléctrica con Dios y que podría darle de ventaja un peón y las piezas blancas y así todo vencerlo.

Mucho de lo que aportó Steinitz lo descubrió analizando las partidas de su antecesor, el norteamericano Paul Morphy, un genio precoz que ya hacia 1857 vencía a los mejores jugadores del mundo uno tras otro. Dueño de una memoria prodigiosa, dominaba varios idiomas, era versado en música y matemáticas, además de ser abogado. Pero hacia el final de su vida tenía la paranoia de que varias personas estaban intentando envenenarlo y, por la tanto, se negó a tomar alimentos que no procedieran de manos de su madre o de su hermana. Tiempo después el gran Akiba Rubinstein, polaco y eterno candidato al titulo mundial, se mostró como un contrincante tan duro como retraído; un personaje taciturno que poco a poco fue cayendo víctima de una timidez patológica. Hay quienes afirman que tras realizar un movimiento se escondía en un rincón de la sala a esperar la réplica de su rival.

El ajedrez no tiene la culpa: la ciencia ha demostrado que es un juego que ayuda a desarrollar la inteligencia y a estimular la memoria. Cómo sino Pillsbury, otro eximio jugador del siglo XIX habrá podido jugar simultáneamente diez partidas de ajedrez y diez de damas a la ciega (sin ver las piezas ni el tablero) mientras jugaba al whist.  Al mismo tiempo que jugaba, era capaz de recitar una larga lista de nombres, tanto de derecho como de revés, después de haberla visionado unos instantes. Y sin embargo murió jovencísimo, al encontrar la muerte a los 34 años, orillando el delirio.

El juego-ciencia fue un refugio, un mundo cerrado pero extensamente vasto, que ayudó a esos geniales artistas del tablero a mantener sus pensamientos dentro de los límites de la realidad, al poner su mente ardiente al servicio de un juego cuyo fuego sagrado no ha logrado apagar el paso de los siglos y de los hombres. El genial Vladimir Nabokov, entronizado novelista ruso pero también problemista de ajedrez, se despachó hace años con una sentencia que no deja lugar a dudas: “No hay nada anormal en que un jugador de ajedrez sea anormal. Eso es lo normal”.  

 


Escrito el Sabado, 19 de Julio 2008
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Comentario de: Supercell Sabado, 09 de Agosto 2008
Hola, un placer.
Deseo plantear un interrogante, ojala me pudieras ayudar. Como puede jugarse al ajedrez sin ver -a ciegas- las movidas del oponente. Seria excepcional si me brindas alguna bibliografia sobre el tema. Te lo agradecere. Muchas gracias..
Comentario de: Pabloticus Domingo, 10 de Agosto 2008
Hola amigo. Los jugadores no ven las movidas pero se enteran de ellas porque se las van diciendo a través de alguno de los sistemas de anotación del ajedrez. De manera que retienen mentalmente esa información e imaginan como sería la posición y la jugada a realizar. La mayoría de los ajedrecisitas con determinada experiencia -obviamente, a diferentes niveles- pueden jugar a esta modalidad. Si pones en google "ajedrez a la ciega" vas a encontrar varios artículos de interés. Saludos!
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